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Consultoría sin dogmas

«Afila» tus procesos

1 comentario en «Consultoría sin dogmas»

  1. Consultoría sin dogmas: por qué huyo de los gurús

    Si has trabajado conmigo —o simplemente has leído algo de lo que escribo— sabes una cosa:

    Huyo de los gurús.

    No me malinterpretes. No es que crea que lo que dicen esté mal. El problema es la religión que se crea alrededor de sus métodos. Surgen los evangelizadores, los certificados, los que te miran por encima del hombro si osas cuestionar si el paso 3 del “Método Infalible X” realmente aplica a tu negocio de software, a tus procesos de fábrica o a tu empresa de distribución.

    El contexto lo es todo

    Hablamos de metodologías como Lean, Seis Sigma o Scrum. Frameworks nacidos en contextos específicos —muy a menudo, en Toyota hace décadas— para resolver problemas muy concretos.
    Y ahí está la clave: contexto.

    Lo que me encuentro con demasiada frecuencia son consultores o gestores que llegan con el manual bajo el brazo, decididos a aplicar el proceso al pie de la letra.
    Es como si un médico recetase el mismo antibiótico para un resfriado, una pierna rota y una crisis de ansiedad.
    Su único diagnóstico es:

    “No sigues el método. Sigue el método y te curarás.”

    Mi enfoque: el sentido común como estrategia

    Yo no vendo una metodología.
    Vendo soluciones.
    Y para ello, mi caja de herramientas es ecléctica, práctica y, sobre todo, adaptable.

    Utilizo las herramientas, no adopto el dogma

    ¿El diagrama de Pareto es útil para priorizar? ¡Genial, lo uso!
    ¿La filosofía Kaizen de mejora continua tiene sentido? ¡Por supuesto, la integro!
    ¿El ciclo PDCA de Deming es una forma lógica de abordar un problema? ¡Claro que sí!

    Pero las uso cuando encajan, no porque un libro diga que es el turno de usarlas.

    Escucho a la empresa, no al gurú

    Cada empresa tiene un latido propio: una cultura, unas personas, una historia y unas presiones únicas.
    Imponer un sistema rígido sin entender todo eso normalmente no saca lo mejor del equipo.

    Mi trabajo es diagnosticar primero:

    ¿Qué duele?
    ¿Dónde están los cuellos de botella?
    ¿Qué recursos tenemos?

    Luego, y solo luego, busco en mi caja de herramientas qué puede ayudarnos.

    La teoría es bonita en una pizarra, pero la práctica es como ir al campo de batalla.

    He visto flujos de trabajo “perfectos” colapsar en una semana porque nadie tuvo en cuenta la resistencia al cambio del equipo.
    Y he visto soluciones “rústicas”, basadas en puro sentido común, triunfar porque la gente las entendió y lo mas importante, las hizo suyas.

    La experiencia y escuchar, me dice cuándo una herramienta va a funcionar y cuándo puede ser rechazada. Y aún así a veces, el resultado no es el esperado. Y hay que «afilar» una vuelta más.

    Lean, Six Sigma, Agile o sentido común

    En definitiva, no se trata de Lean, de Seis Sigma o de Agile.
    Se trata de ser efectivo y de alimentarse de lo mejor de ellas para aplicarlo con sentido común.

    Se trata de tener la humildad de reconocer que ningún gurú, por brillante que fuera, tuvo en cuenta la idiosincrasia de tu equipo, en tu mercado, en tu momento actual.

    La pregunta clave

    Así que, la próxima vez que alguien te quiera vender la solución definitiva empaquetada en un acrónimo, hazle una pregunta simple:

    “¿Y cómo se adapta esto a mi realidad?”

    Si la respuesta es otra cita del libro o una referencia a lo que hacían en Toyota en 1962, probablemente estás ante un evangelizador que viene a imponer su libro, no ante un solucionador de problemas.

    Yo estoy en el equipo de los segundos.¿Y tú?

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